Lo que no conocías de la película Macario

Macario, una tragedia schilleriana

Macario es una de esas películas que en México todo el mundo conoce, o por lo menos ha oído mencionar, porque es la típica que siempre ponen en televisión en ocasión del Día de Muertos. Yo la conocía porque alguna vez de niña la vi con mi mamá y solo me acordaba del tema central del que muchos adultos hacían escarnio: el guajolote (pavo, para otros países) tan antojado que Macario, el personaje central, ni siquiera de acabó porque la muerte lo sorprendió.

A lo más que se llega, incluso por los “intelectuales”, es a asociar la película Macario, de una forma muy sosa, como un clásico del cine que expresa la identidad nacional a través de la tradición mexicana del Día de Muertos, de origen prehispánico, y porque forma parte de la lista mundial de las mejores películas, en fin.

La cuestión es que hace muy pocas semanas, en una rara tarde de ocio, vi en mi programación de sistema de tv la película grabada y le di “play”. Era una deuda con mi pasado y mi cinefilia, pues.

La sorpresa fue enorme porque no vi lo que todos ven. Vi una historia con una complejidad enorme, no solo como obra cinematográfica, con la fotografía extraordinaria de Gabriel Figueroa, actuaciones, recursos, etcétera, sino por la profundidad del guión.

Para los que no la han visto les doy un resumen del argumento: Macario es un indio muy pobre de la época Novohispana, con un chorro de hijos y una esposa. Es leñador y cuando lleva el pan a la familia, siempre les deja su plato a sus hijos porque siempre están hambrientos. En un Día de Muertos ve pasar una fila de hombres que llevan guajolotes para la celebración a una casa de ricos y en su rostro solo se ve el ansia, el deseo y la tristeza. Su esposa llora en compasión.

En otra escena, ella lo llama a comer, pero él le dice que mejor su plato se los dé a los niños porque no piensa volver a comer hasta devorarse un guajolote como los que vio, el cual no piensa compartir con nadie. Para complacer el capricho de su esposo, su mujer se roba un guajolote y se lo da a su marido cocinado antes de salir a cortar leña para que no lo vean sus hijos.

Aquí viene lo interesante, en el camino se encuentra a un charro negro y le pide guajolote a cambio de todo ese bosque y riquezas. Macario se niega, detecta que es el Diablo, y el muy inteligente le dice “además, cómo puedes ofrecerme algo que no es tuyo, es de Dios”. Pero en otra vereda se encuentra a un viejito, el Señor en persona, y también le pide que le convide. Macario, una vez más se lo niega y le dice, “sé que tú me lo pides por ponerme a prueba, porque no lo necesitas, pero es lo único que tengo”. Luego llega a un lugar para comérselo y se encuentra a la Muerte que también le pide, esta vez Macario accede a compartirle. En retribución, la Muerte le da un agua con la que podrá curar a los enfermos, siempre que ella se aparezca delante del enfermo y le dé el sí, Macario les dará el agua y sanarán.

Esto cambia la vida de Macario radicalmente, pues al saberse los milagros que hace con su “medicina”, la gente pobre o rica le paga por curarla. En un punto, un médico lo acusa de brujería y la Inquisición lo persigue, lo atrapan y se vuelve a escapar. En la escena final, su esposa lo busca en el mismo bosque donde se fue a comer su guajolote, pero lo encuentran muerto con la mitad de la pieza, en la misma condición de pobreza.

Por supuesto que este es un resumen que no describe la profundidad del argumento, pero lo que me decidí a plasmar en este escrito es que esta historia es un verdadero ejemplo de tragedia, en el sentido schilleriano, donde al personaje central, a pesar de su miseria material, se le exige un alto estándar moral, una prueba de fuego que no pasa. Es una historia trágica para mostrar la miseria de la condición humana en sí misma, yo no sé si para hacerla representativa o no de nuestra cultura mexicana.

En esta historia queda muy explicado que no por ser pobre y víctima de una sociedad injusta eres “bueno”, tu amor es incondicional y vas a saber aprovechar los dones que Dios te confía, y esto es muy fuerte. Lo relaciono con los temas de Buñuel en películas como Viridiana y Nazarín que destroza estos conceptos, desde mi punto de vista, de una forma no edificante, sino cínica. Pero desde mi perspectiva, Macario cumple con la tragedia schilleriana y de ahí su valor.

Este largometraje está basado en una novela del mismo nombre, escrita por un tal B. Traven, un escritor de origen, se dice, alemán que hizo residencia en México  en el siglo pasado y se caracterizó por borrar su historia personal, por lo cual hasta la fecha, todo lo que se sabe de su vida es pura especulación. Tuvo mucha fama como escritor de novelas que se hicieron películas de fama mundial como El tesoro de la Sierra Madre (EEUU) y La Rosa Blanca (México), unas historias que, junto con Macario, hablan de su enorme maestría para comprender la psicología humana.

Este talento me hace abrir mi curiosidad por saber más de B. Traven y que pueda compartir en otra ocasión para darle más honor del que ya tiene, por ello, no creo que Macario sea una historia para mostrar nuestra identidad nacional, el espíritu de su escritor y el de quienes hicieron esta película, que fue en la época del cine de oro mexicano, llamado así por muchas razones, es más grande que eso.


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Blanca Pérez

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