Economía para Extraterrestres

Quiero hacer una aclaración: Me inspiré en el título de la sección de un blog que se llamaba: “Fútbol para Extraterrestres”, la cual leía con anhelo y me encantaba.  Dicha sección era literaria, no tenía nada que ver con mi intención aquí, que es agarrar el concepto “extraterrestre” y pasarlo a la economía.  Creo que el blog no está más, pero quería aclararlo porque me tomo muy en serio el plagio, es un delito.
Esta  nota se llama así porque creo que todo el mundo puede leer y opinar sobre esto, menos los economistas. Es más, economistas, abstenéos, por favor. (Salvo mi amiga Lulu que está más allá de todo).

 

“Las manzanas que vienen de Chile no son las mismas que se fabrican en nuestro país”  

 

El contexto de esta frase es el siguiente: Fue el comentario del Ministro del interior Rogelio Frigerio, ante los cuestionamientos por la importación de manzanas chilenas, en el marco de la protesta por los productores del Alto Valle (donde se producen las manzanas argentinas) porque no pueden colocar sus productos a un precio que les sirva.

A mi esta frase me parece haberla escuchado un millón de veces con las cosas chinas, alemanas, estadounidenses, francesas, etc, etc. Hay una creencia establecida, que lo que se fabrica afuera es mejor porque acá no se puede lograr. Y lo peor es que no es la “gente de a pie” la que lo cree, sino los mismos industriales.

Mi caso es testigo, hablo de caso testigo porque lo vivo, soy un testigo.  Mi realidad de trabajar 10 horas por día en una fábrica, una pequeña y mediana empresa (PyME) no me permite salir a buscar los testimonios periodísticos para contrastar mi caso con otros, como debería hacerse para complementar mis datos. Sin embargo, mi testimonio está solventado en las muchas relaciones que uno hace con proveedores y clientes, al estar en el medio de una cadena productiva. Al producir como mayorista se necesitan insumos, muchos son importados, pocos son nacionales. Se vende por mayor a clientes que comercializan. Que compran nacional e importado. Es decir que practicamente se pasa por toda la cadena.

Decía que esa frase la escuche mil veces dentro de la propia industria, para justificar la importación. El argumento es, como no se puede hacer acá porque los precios no son competitivos, más vale traerlo de afuera y re venderlo. Para mi sorpresa, aprendí que a eso también se le llama industria.  A mi modo de ver, extraterrestre, ¡eso es comercio no industria! Pero parece que en nuestros países subdesarrollados, es así, comprar barato y vender caro, es poner una empresa.

Hay muchas empresas de este tipo, no solo en Argentina, sino en toda Latinoamérica. SI miramos la historia argentina, muchas guerras están relacionadas con quien manejaba la aduana de Buenos Aires, porque desde allí se maneja el comercio, la principal entrada de dinero. La principal entrada de dinero, si un país no produce. ¿Y si produce? ¿Y si produce a medias? Ese parece ser nuestro problema hoy en día. Producimos, sí, pero a medias, a mitad de camino, a mitad de la cadena. Ya sea porque las cosas que producimos requieren siempre un gran porcentaje de componentes extranjeros o porque no llegamos a producir la cantidad de demanda que el país tiene del producto, o simplemente porque esa industria es un monopolio extranjero que ganó mercado y con el cual es imposible competir si uno quiere comenzar a realizar ese producto.

La realidad de nuestras economías es esa. Cualquier enfoque que ignore esto será o evidentemente desconocedor del tema, o lo ignorará a propósito para no cambiarlo. De hecho yo creo que muchos economistas y políticos, hablan de “industria”, “empresas”, Pymes y otras yerbas como si fueran hechos de generación espontánea dejando de lado adrede la cadena que es la génesis de dichas industrias, sus problemas intrínsecos, sus desafíos, la necesidad de incentivos para que dichas empresas puedan generar una cadena de valor. Ninguna empresa puede funcionar aislada. Eso lo planteó el actual gobierno con su famoso spot de “la empanada”. Aunque en realidad, dicho spot ignoraba que si se aumentan las tarifas de los servicios básicos, esa empanada es posible que no pueda realizarse porque no le den los costos a muchos factores de la cadena.

Encuentro tantas contradicciones en la defensa de la industria nacional. Primero porque no se puede defender un monopolio como el de Rocca o Blaquier, como industria nacional. O un lobby sojero. O al grupo Macri, o Socma. ¿Esa es la industria nacional? ¿Y las Pymes, que a la primera de cambio venden todo, van a quiebra, no le pagan a sus empleados y se llevan la plata a Miami? No digo que todas, pero muchas. Hay que empezar a distinguir qué tipo, cómo, dónde, por qué, a qué lugar de la cadena de valor pertenece cada empresa, cómo enfrenta su relación con la sociedad, con el Estado y qué representa para los argentinos, en cuanto a producción de bienes, generación de precios, generación de empleo y responsabilidad social. Una vez bien definidas estas ideas, podemos empezar a hablar de industria nacional, o si nos gusta más, industria latinoamericana, o de la Patria Grande.

Besos y abrazos.


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Rosina Castillo

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