BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA

Hoy cumplimos 200 años de independencia. 200 años del paso histórico más importante para dejar de ser colonia. Me gustaría hablar del sentimiento popular, aunque no me atrevo, porque no soy representante de ello. Por eso voy a hablar de algo más chico e insignificante, mi propio sentir, ya que por lo menos soy una entre tantos argentinos en este bicentenario.

Esta fecha me recuerda la sensación que tuve al leer sobre el primer centenario de la patria. Hubo desfiles y festejos en la capital. Argentina era gobernada por un partido de elite, casi único, los oligarcas que tenían las tierras y conexiones con Europa. El concepto de pueblo argentino no era lo importante, sino el concepto de tranquilidad, serenidad, el “estamos bien”, “somos prolijos”, “pueden venir con su dinero”. No se creía en el trabajo nacional, en salir adelante, en pertenecer. Esa es mi lectura del centenario patrio. Y mi lectura del bicentenario también.

Siento que hoy se quiere mostrar lo mismo, una Argentina a medias. Tapando muchas cosas que están sucediendo, pero sobre todo el significado de las palabras independencia, soberanía y libertad. Esas palabras, que inspiraron a cientos y miles de compatriotas, los que murieron en las guerras de independencia, por ejemplo.

El presidente y el partido político que gobierna se identifican con una elite. De hecho, y hasta parece de manual, acaba de terminar una gira por Europa para pedir inversiones. No cree que las inversiones se puedan hacer con capital nacional, mucho menos aportes del Estado. La discusión sobre la visión liberal de la economía no queda afuera de esta fecha patria. Muchos de quienes lograron la independencia del país, sabían que la soberanía económica, el no depender de capitales extranjeros era un punto base, un pilar de la independencia como Estado Nacional. Pero hoy, calcado al trabajo de la elite del 1900, el partido que nos gobierna sale en busca de una solución externa, para que capitales extranjeros  luego de enriquecerse con el trabajo argentino, puedan volar en busca de otros lugares.

No me dan ganas de festejar un bicentenario así. Con un gobierno que les da amnistía a la gente que lleva su capital, o sea fuentes de trabajo, al exterior para no contribuir con el Estado, la distribución de la economía, el famoso derrame. Esa gente viciosa y egoísta, debe pagar, literalmente, entregar lo que le deben al erario público. Para los gobernantes argentinos, el que debe pagar es el pueblo, ya que aumentaron absolutamente todos los consumos básicos, desde la comida, hasta la electricidad, pasando por una inflación galopante que afecta todos los precios.

El 9 de Julio si bien se firmó la independencia y entiendo que se festeje, si lo miramos en frío deja un saldo mayor de colonización en el balance histórico del concepto de independencia (incluyendo por supuesto la soberanía económica).

Sin embargo, aunque no voy a participar hoy de los festejos, si me quedo tranquila de haber participado del bicentenario del 25 de mayo. En aquella fiesta, mi sentimiento fue totalmente distinto. Y es quizás porque el 25 de mayo fue un grito de independencia, donde todavía no estaba definido qué íbamos a hacer, fue un paso más en la pelea por definirnos. Un paso más como lo fue la integración del trabajador con Perón, como lo fue la reivindicación de la política con los Kirchner. Esos son gritos y festejos de independencia. Y hoy quisiera recordarlos.


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Rosina Castillo

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