Evento Mujer, ¿Por qué lloras? - Amistad y Arte

De la palabra a la acción: poniendo en escena una experiencia de amistad y arte

¡Hola a todos mis amigos del equipo de Amistad y Arte! Esta será mi primera contribución para este blog, y consiste en un relato de mis impresiones sobre un suceso que ocurrió el pasado viernes 18 de marzo, suceso cargado precisamente de esas dos cosas tan importantes para nosotros: amistad y arte. Antes que nada, quisiera hacer una breve aclaración sobre el título, que una vez escogido, me pareció que tiende a sugerir que se trata de un llamado a dejar la pasividad de la palabra y tomar acción, lo cual, dicho sea de paso, me parece buena idea en estos momentos álgidos de la historia del mundo. Pero en este caso más bien el título alude a un proceso en el cual “la palabra se hizo carne”, es decir, se materializó en acciones. Aclarado el punto, inicio el relato.

Por diversas razones, hacía mucho tiempo que no vivía intensamente esas dos fuentes de vida para el ser humano: arte y amistad. Paradójicamente, la idea de echar a andar ese proyecto me sobrevino en un momento de soledad y desánimo, como ocurre muchas veces. En ese estado de ánimo te encuentras más propenso a buscar algo más allá de lo cotidiano, algo más profundo que le dé un poco de sentido a días más o menos grises. Ya saben ustedes que el acontecimiento al que me refiero es la meditación escenificada: “Mujer, ¿por qué lloras? Reflexiones ante un sepulcro vacío”, que se llevó a cabo en un templo católico de la Ciudad de México que es muy importante para mí. Les contaré un poco sobre el origen de todo este asunto, es decir, el texto. Después hablaré sobre el otro aspecto esencial de la presentación: la música y la escena, y por último, sobre el elemento sorpresa, el “plus” que acompañó todo el proceso: la amistad.

Invitación para el evento "Mujer, ¿Por qué lloras? Reflexiones ante un sepulcro vacío"
Invitación para el evento “Mujer, ¿Por qué lloras? Reflexiones ante un sepulcro vacío”

Hace aproximadamente un mes y medio, encontrándome en una reclusión voluntaria en casa de ciertas personas (la reclusión era voluntaria, aunque los motivos que dieron origen a ese retraimiento a la vida ermitaña no eran del todo voluntarios), se me metió en la cabeza la idea de que cobraran vida escénicamente ciertas reflexiones religiosas, teológicas, si se quiere, que se remontaban a marzo del 2008, y que en el marco de un retiro espiritual llegaron a mí como una lluvia de vivencias cargadas de dramatismo. Yo lo percibí en aquel momento, y así lo sigo percibiendo, como un regalo del Cielo, una especie de “encargo” de allá arriba, aunque en aquel momento estaba lejos de saber cuál sería el destino de ese encargo, que estaba muy lejos de materializarse.

El tema de la reflexión, el acontecimiento principal, es el desconcierto de María Magdalena al no encontrar el cuerpo de Jesucristo el domingo posterior a su muerte. Ese suceso detona toda la reflexión. No voy a abordar el contenido de esas reflexiones, salvo por un detalle, que es la única parte “contemporánea” del texto, un añadido que es como una especie de ampliación de un aspecto que ya estaba esbozado en el texto del 2008. Se trata de una alusión directa a la situación de extrema violencia que vive mi país, México; una violencia que hace aflorar lo peor del ser humano.

La reseña de la representación aludía a tres aspectos, pero voy a retomar aquí solamente el último: “Con esta puesta en escena quisiéramos también ofrecer un homenaje a todos aquellos que, como María Magdalena, no tienen un cuerpo a quien llorar (…) En nuestro país hay muchos, demasiados, de los que podemos decir, como María: “si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto, para que yo vaya a buscarlo”. Obviamente, esto es una alusión a los miles de desaparecidos “privados de rostro, de tierra, de afectos…” que el régimen de dictadura disfrazada de democracia ha producido en México en la última década, algo que ustedes los argentinos entienden muy bien, aunque no todos. Las cifras y los periodos coinciden escabrosamente en ambos países (Argentina, 1976 a 1983: un estimado de 30 000 desapariciones forzadas. México, 2007-2015: 27 659 desaparecidos), con la diferencia de que en México todo esto ha ocurrido en “democracia”.

Ilustración que representa a los normalistas desaparecido
Ilustración que representa a los normalistas desaparecidos

En medio de esta reflexión, de pronto percibí que, si bien esta situación actual resulta tan presente para nosotros, que no damos crédito a lo que vemos, en realidad, la historia de la humanidad es una historia marcada por el dolor y la violencia. Me desfiló por la cabeza la procesión de todos los dolores de la humanidad y de la historia: “…los sueños destruidos, las esperanzas fracasadas, todas las opresiones posibles del hombre contra el hombre, toda miseria, toda la tragedia indecible, imponderable, insufrible de la humanidad…”. Todo esto estaba enmarcado en la contemplación de la injusticia de las injusticias: la muerte de Jesucristo. Pero, “¿Qué encuentro, entonces, junto a mi desesperación? ¿Acaso una débil esperanza? Sería locura… y sin embargo esa esperanza insiste en existir”.

Así fue como, al ir adaptando el texto original para que tomara la forma de un monólogo, me paseé por estos pares de aspectos tan radicalmente opuestos, pero que paradójicamente a veces se les puede ver como dos caras de la misma moneda, por lo menos en nuestra actual realidad: el dolor y la alegría, la desolación y la esperanza, la muerte y la resurrección. Dejaré aquí de referirme al texto en sí, que fue un proceso personal, un camino interior, para contarles un poco de cómo esta idea solitaria se fue convirtiendo en un proceso social, cómo fue tomando forma y materializándose a través de las mentes, almas, voces, manos y pies de mucha gente.

Arte… y amistad

A la par de las palabras fue surgiendo como necesidad esencial la música, que tenía que acompañar y llevar más profundamente a la meditación. Me incliné por selecciones de la Pasión según San Mateo, de J.S. Bach. Además de que este compositor es crucial en mi vida, algo así como mi “non plus ultra” personal, entró también el factor de la amistad, pues tengo la suerte de tener una muy querida amiga, una mezzosoprano, que estaba preparando un recital con todas las arias para mezzo de esa obra monumental. Sabía de antemano que no podría pagar su arte con dinero, así que apelé a su generosidad y a su pasión por cantar esas bellezas, y sumé una gran voz a ese escenario aún lejos de materializarse.

Estatua de J. Sebastian Bach en Leipzig, Alemania. Foto por Dave Bartruff
Estatua de J. Sebastian Bach en Leipzig, Alemania. Foto por Dave Bartruff

Después vino el trabajo con el coro: montar cuatro de los corales de esa obra inmensa y un fragmento del motete Jesu, meine Freude, también de Bach, con gente de contextos muy diversos. Las obras en sí no son complicadas, pero factores como tiempo, distancias, y sobre todo, la distinta formación de cada uno de los coristas, hicieron del trabajo una verdadera proeza. ¡Con decirles que ni una sola vez ensayamos todos juntos!

El resultado final no se podía sino imaginar, pero la magia se obró, y viví —a pesar de la inquietud por estas condiciones que no eran las óptimas— una experiencia de entusiasmo, de esfuerzo, de generosidad, de frutos inesperados… toda una lección de confianza en el otro, que hizo el milagro de contrarrestar mi obsesión por controlarlo todo. Un día parecía que se hundía el barco con un coro raquítico y asustadizo ante el desafío, y otro aparecía gente cuya causa de aparición era difícil de trazar. Se sumó gente con mucha experiencia a la que no le podría agradecer lo suficiente el haber hecho un espacio para dar a la gente reunida allí, llena de fe, un poco de su arte. Y también participó mucha gente a quienes la vida no les había dado antes la oportunidad de participar en algo así, donde dejamos de ser nosotros mismos y nos convertimos momentáneamente en símbolos, en representaciones de algo más grande que nosotros. De los catorce figurantes en escena, nueve no habían hecho algo así nunca en su vida.

Evento Mujer, ¿Por qué lloras? - Amistad y arte
Durante el evento

Como dijo al final cierto personaje (el Obispo, para ser exactos, que también apareció allí): en ese momento vivimos en nuestro propio ser, todos juntos y cada quien en su papel, pequeño o grande, la comunión. Esta unidad se hizo presente de mil formas. Todo fue muy cercano, muy “de a pie”. María Magdalena y la Virgen María son mis parientes en la vida real. Amigos míos casi todos al principio, y podría decir que todos al final.

Y hablando de amistad… desde el principio tuve la fortuna de contar con un amigo que lo fue en toda la dimensión de la palabra: consejero, mediador, facilitador, echador oficial de porras, generador de propuestas, guía espiritual en medio de cierta tristeza, desazón, soledad, que me sobrevino en una etapa del proceso. La naturaleza de ese texto me había arrastrado a un estado de sensibilidad, y ese amigo me hizo ver que esa soledad y tristeza no eran sino un regalo muy especial de allá arriba: pues, ¿cómo podría entender a María Magdalena en su soledad, y a todos esos seres al lado de cuyo dolor quise ponerme simbólicamente, si no experimentaba yo misma en esos momentos esa realidad humana?

Ese mismo consejero llegó un día con la noticia de que nuestra meditación de modestas proporciones sería realzada y capturada por un equipo profesional de audio, iluminación y videograbación. No me quiero imaginar la millonada que nos habría costado pagar algo así, si no fuera porque esa gente también se sintió tocada por el anhelo de ser comunidad. En fin, las sorpresas y la magia de la amistad no acabaron allí. 48 horas antes de la fecha prevista, no tenía quien me ayudara con la escenografía, y también mágicamente, con otros tantos personajes surgidos espontáneamente, todo estuvo listo a tiempo. 12 horas de trabajo manual y una comida improvisada en el lugar de trabajo, es una de las formas infalibles de desarrollar una amistad con un desconocido. Después de la presentación, más amigos entrañables se dejaron entresacar del público, con bellas palabras que hicieron que todo el esfuerzo valiera la pena. Y todavía unos días después, otro amigo apareció con un abrazo y un libro que servirá para las siguientes reflexiones.

No todo resultó perfecto. Hubo fallas y carencias de todo tipo, pero el espíritu en el que se vivió no pudo ser mejor. El balance fue: no la perfección, pero sí la alegría y la paz. Quise contarles todo esto porque algunos de ustedes estuvieron allí, y son parte de esta experiencia de amistad y arte que tan concretamente vivimos juntos, y los que no estuvieron, se hicieron presentes en formas también muy concretas. Les debía un “close up”, una mirada más cercana.

Quizá piensen que estoy haciendo una faramalla muy grande por un evento tan modesto en términos reales, pero sepan perdonar. Cosas más grandes quizá no ameriten tanta reseña, precisamente por su grandeza, que se basta a sí misma. Pero en este caso quiero ponerle la lupa a esas cosas sencillas que pasaron y que no necesariamente se alcanzaron a ver: esas cosas que estoy aprendiendo a reconocer como grandes, y que tanto se necesitan hoy en día.

Como dice el último párrafo de la reseña de ese día: “Hoy estamos viviendo circunstancias que nos hacen experimentar ese dolor que en su crudeza parece no dejar lugar a la esperanza; ese dolor que los testigos del primer Viernes Santo vivieron radicalmente como destrucción y fracaso, y en el que aún no alcanzaban a ver por ningún lado la mano de Dios. Nuestro mundo tiene la necesidad, la sed, de escuchar que la injusticia, el dolor y la muerte no tienen la última palabra, porque “el más amado de todos los muertos”, resucitó”. Que a nosotros nos mantenga unidos esa esperanza, y seamos parte de un mundo transformado por el arte y la amistad.


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Laura Flores P

Comentar

  1. Luis Garibay 30 marzo, 2016 at 10:37 pm - Reply

    Cuando te llegan situaciones difíciles a la vida, muchos se van abajo.
    Solo los grandes saben canalizar esas emociones negativas en algo maravilloso.
    Felicidades Laura por poner el ejemplo junto con todos los que lo hicieron posible.
    Es una rica crónica en la que se mezclan muchos géneros: religioso, político, artístico y muchas emociones, donde además resalta principalmente la amistad.
    Siéntete acompañada siempre en los momentos de soledad y apoyada por muchos, pero principalmente bendecida.

    • Laura Flores P 6 abril, 2016 at 11:47 pm Reply

      Gracias por tomarte el tiempo de leer lo que compartì. Sì, estoy de acuerdo en que la esencia de todo esto es sobreponernos a las dificultades. Ese fue el ìmpetu de nuestro esfuerzo. Ese es el camino que estoy tratando de recorrer: el de reconocer la belleza y la bondad en medio de un mundo lleno de crueldad, el paìs, el mundo que nos tocò. Efectivamente, la amistad es una de las formas màs poderosas de recuperar la fe en el ser humano. Bendiciones!

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