Foto de Johannes Brahms

Brahms y la crisis de nuestro tiempo

A continuación publicamos un escrito original del famoso compositor y director alemán Wilhelm Furtwängler, es un escrito dedicado al también músico y compositor alemán, Johahhes Brahms. A su personalidad y papel histórico.


por Wilhelm Furtwängler / 1934
 
Precisamente con los grandes artistas observamos frecuentemente que, desde la mediana edad en adelante, comienzan a cambiar su postura hacia su ambiente y hacia su propio arte. Si en su juventud existe un acuerdo entre las demandas del ambiente y las de ellos mismos, y en este período su arte es “moderno” como una expresión de su personalidad, ocurre algo distinto en la posterior madurez. Al establecer sus propias ideas, con la conquista del mundo comienza al mismo tiempo el desprendimiento de él, y con ello la reflexión sobre las necesidades más verdaderas y más profundas de la propia naturaleza de uno. Así el camino se despeja para lo más personal y lo más universal que tales hombres tienen para decir. Es lo mismo si posamos nuestros ojos sobre Goethe o Rembrandt; sobre Bach o Beethoven. Vinculado a ellos se halla un creciente alejamiento con respecto al ambiente, un aislamiento, una superación de la época propia.

Brahms también, a su manera, se sometió a tal evolución. Si él fue, en las primeras décadas de su efectividad, en la que él puso las demandas de fama, un músico completamente “contemporáneo”, que habló el lenguaje de su época, luego se fue separando más y más de su presente inmediato. Precisamente sus trabajos más maduros, alrededor de la Cuarta Sinfonía y el Doble Concierto, fueron rechazados en su primera aparición, y lo que es más, por parte de sus amigos. El editor de una biografía de Brahms escribe abiertamente acerca del “fracaso” del Doble Concierto en Viena, al que él asistió en su tiempo: “¡Dónde teníamos nuestros oídos en ese tiempo!”

El contraste de Brahms con su época se expresa sobretodo en que él, al mantenerse en su naturaleza, no creció, como Beethoven, más expansivo en su madurez, sino lo contrario, se volvió cada vez más austero, calmo, breve y concentrado. Su era, por otra parte, iba desde las gigantescas producciones de los dramas musicales wagnerianos, presionados sobre las formas mamut y el alargamiento del lenguaje tonal de de Strauss, Mahler, Reger, etc.

Esta época también se ha desvanecido desde entonces, pero la silenciosa batalla de la música brahmsiana con el espíritu de la época aún no termina. Esto tiene especiales fundamentos propios.

Brahms señaló, ocasionalmente, que la historia de la música le asignaría algún día un lugar similar al de Cherubini. Esta declaración, escéptica, con doble intención como la mayoría de las declaraciones brahmsianas, ha sido naturalmente mal interpretada. De este modo, quería aseverar algo no sobre él —este hombre tímido, introvertido, nunca hizo eso durante su vida— sino que quería caracterizar a la “historia de la música”, es decir, lo que se enseñaba y promovía como historia de la música en su tiempo y que continúa en muchos aspectos vigente: una disciplina para la cual el desarrollo de la materia como tal (alrededor del ritmo, la armonía, etc.) y al mismo tiempo junto con las varias direcciones, tendencias o influencias son consideradas como el verdadero contenido de la historia musical. Pero los artistas son reconocidos más en su capacidad como exponentes de tales tendencias que como personalidades en su propia ley.

Y para esta historia de la música, Brahms no está muy lejos de la realidad al asignarse un lugar similar al de Cherubini. Una función en el sentido de “progreso” que la música de los años posteriores no completó.

Con respecto a la desintegración de la armonía Tristán, en los primeros comienzos de la posterior politonalidad, etc. él, que siempre tuvo en vista la forma musical universal, se mantuvo en oposición. Existe muy poca diferencia entre la armonía de Brahms en el año 90 y aquella de Schubert en el año 20 del mismo siglo. Pero, sin embargo, la comparación con Cherubini es falsa. Y con ello llegamos a aquello que hace el caso de Brahms tan significativo para nosotros hoy, el cual le imparte nada menos que la actualidad más inmediata.

Brahms es el primer gran músico, cuyo significado histórico y significado como una personalidad artística ya no conciden: Que esto fuera así no es su culpa, sino más bien la culpa de su época. Las más elevadas creaciones formales de Beethoven han nacido de la época de Beethoven, en la medida en que ellos utilizaron el lenguaje y las posibilidades expresivas de su tiempo. Las aspiraciones de Beethoven, tan atemporales y preñadas del futuro como pueden haber sido, estuvieron, sin embargo, en correspondencia con las aspiraciones de su tiempo; Beethoven estaba “a cargo de su tiempo”. Los trabajos más audaces y concienzudos de Wagner dan fe no sólo de la vehemente humanidad de su creador, sino de las aspiraciones y posibilidades de su época.

Él fue, no importa cuánto quiso mostrarse en contraste con su tiempo, una expresión de este. Con Beethoven, con Wagner, así como también con los posteriores, como Strauss, Reger, Debussy, Stravinsky, las aspiraciones personales y las aspiraciones de la época coinciden.

Con Brahms, y por primera vez con él, esas aspiraciones se separan. Y esto no porque Brahms no fuera un hombre de su tiempo, sino porque las posibilidades materiales-musicales de su tiempo fueron en otras direcciones que no satisfacían la cualidad de sus aspiraciones. Él es el primero, que como artista y creador, fue más grande que su función histórico-musical.

Él es, por lo tanto, el primero que tuvo que defenderse para poder continuar siendo quien era, lo que para sus predecesores, a través de Wagner, obtuvieron fácilmente gracias al favor de la época. Así, él se convirtió en el primero en confrontar su época en su corazón, sólo para ser capaz de hacer conscientemente lo que para las generaciones anteriores fue auto evidente: hacer del ser humano el centro de todo arte y práctica artística —el ser humano que es siempre nuevo y a pesar de todo siempre el mismo—. Ya que no es el desarrollo de lo material (armonía, ritmo, etc.) el alma de la historia, sino la voluntad de expresión de aquellos que sacan provecho de ese material. No es el grado de “audacia”, la novedad de lo que se dice desde el punto de vista del desarrollo histórico, sino el grado de necesidad interior, de humanidad, el poder expresivo; esto es la medida del significado de una obra de arte.

Así, Brahms experimentó, siendo el primero, la crisis de los tiempos, en el hecho de que él no se adhirió a ellos como su objeto, sino que se enfrentó a sí mismo contra ellos. Hablar aquí de reacción es erróneo; él fue un hombre moderno y permaneció tal durante toda su vida. Además, donde él no renunció a la unidad de todo aquello que es humano, sí —como lo vemos hoy— en esto especialmente.

Su arte se mantuvo austero y humano. Fue capaz de mantenerse completamente simple, completamente natural, y aún así enteramente él mismo. Su arte alcanzó —como el último de los músicos alemanes cerca de Wagner— importancia mundial, aunque o precisamente porque fue completamente alemán, y fuera de ello, intransigente. Él se ha convertido hoy, en varios países, en uno de los compositores más interpretados. Siendo él mismo, él supo cómo mantener su arte libre y sin ser tocado por la crisis, que ha afligido a la vida espiritual de Europa por alrededor de 50 años, y que se expresa sobre todo, a través de la profunda alienación entre audiencia y músico creativo. Una crisis que tiene que ser superada, si es que una vida musical activa va a sobrevivir.


Traducción: Joaquín Losada

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Equipo de Amistad y Arte

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  1. Rosina 14 diciembre, 2015 at 5:29 am - Reply

    ” No es el grado de “audacia”, la novedad de lo que se dice desde el punto de vista del desarrollo histórico, sino el grado de necesidad interior, de humanidad, el poder expresivo; esto es la medida del significado de una obra de arte.” Esta sigue siendo la crisis de nuestros tiempos. Y lo vemos porque siempre se nos demanda la novedad, pero dentro de ella, también nos tenemos que “parecer a”. Parecer a lo más vendido, a lo marketinero, etc. Nos tenemos que quedar dentro de lo que pide la época, pero al mismo tiempo ser innovadores. En las carreras artísticas hay materias y materias teóricas donde te enseñan eso y te acortan mucho las posibilidades a la vez que te amoldan el pensamiento con una historia del arte basada en cuestiones técnicas o hechos y no en la búsqueda filosófica y humana del artista.
    La educación musical tiene que ver con educar las fibras del alma, para que vibren ante lo más sutil y sensible. ¿Cómo se explica esto? Hay música mejor que otra o es cuestión de gustos.
    Para mí hay música mejor que otra en ese mismo sentido. Cuanto más enseñe al alma a vibran en el más sencillo movimiento porque la sensibiliza más. La hace amar más y mejor. Esta es la mejor música. Sin embargo, como todo en la vida, no hay música que deba ser descartada, porque de todo se aprende.

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